Los malditos cambios y no son los del auto

(Para Martín, que me mira por interné ) http://www.divagacionesyotrasfobias@blogspot.com

¿ Por qué tememos los cambios? Qué hace que retrocedamos espantados si tenemos que elegir dejar la opción A por la B?
La respuesta es : incertidumbre. Eso es lo que nos hace temblar al considerar un cambio de trabajo, una separación o una mudanza. No sabemos qué va a pasar, por ende tampoco tenemos el control.
Tenemos miedo de haber elegido mal, de arrepentirnos toda la vida de haber hablado en aquélla ocasión en que hubiera sido mejor permanecer callados.

La realidad nos dice una y otra vez que los cambios son siempre para mejor. Que cambiamos cuando crecemos, maduramos y nos damos cuenta que nuestras conductas ya no nos sirven más, y observamos el mundo con un cristal diferente.
Si miramos por sobre el hombro nuestra historia personal, vem
os que los cambios eran necesarios para situaciones que no daban para más. Que aferrarse a lo “bueno conocido” hubiera significado la muerte, o vegetar en una vida de cartón.
Nos cuesta aprender. Darnos cuenta que lo conocido es cómodo, pero no nos hace crecer. No nos desafía, ni pone a prueba nuestras múltiples capacidades.
Es como un sillón despeluchado y sin relleno : Estamos tan cómodos en nuestro huequito, con una pierna más a la derecha y el brazo izquierdo apoyado en diagonal para no enganchar el saco con los resortes, que no nos damos cuenta que existe otra posibilidad.
Hasta que un día un amigo nos arrastra a una mueblería y vemos
un sofá ultra-moderno, hasta con una masajista oriental para hacernos reflexología mientras miramos TV.
Y entonces volvemos a casa, y nuestro sillón, de pronto, dejó de ser nuestro lugar preferido en la casa. Nos sentamos de otra manera y nos damos cuenta que ya no cabemos bien ahí, y que duele y molesta por todos lados.

Entonces decidimos cambiarlo. Y no es porque se haya roto un fuelle más del sillón. Es porque elegimos verlo con otra mirada, una más profunda, que nos lleve más allá del acostumbramiento, y por supuesto, de la comodidad.

Con las circunstancias de cada vida sucede algo parecido: nos damos cuenta que no es tan cómodo cuando abrimos los ojos a las alternativas, y de pronto la luz se filtra detrás de la mirada e ilumina ese rinconcito donde no queríamos mirar.
Nos lanzamos con entusiasmo al cambio, no sin antes dudar si dejar el sillón en el altillo, por las dudas…o prestarlo a algún familiar que tenga lugar…porque nos cuesta cortar por lo sano y desprendernos de lo que ya no nos sirve.

Antes solíamos tener la autoestima baja. ¿Nos sirven esos pensamientos ? ¿ Verdad que no?
– Tomá, acá tenés una bolsita de residuos de lo más mona, y además ecológica.

Y esos preconceptos de la gente con la que trabajás, ¿te sirven?
– Adelante, adelante, hay bolsa para rato.

En tu trabajo las horas se hacen infinitas. Pero claro, necesitás sobrevivir, pagar el alquiler, el colegio de los chicos, y la prepaga.
¿Verdad que ganarías mucho más y serías mucho más productivo si hicieras lo que realmente te apasiona hacer?

Elegir el cambio es difícil. No existen anestésicos ni ibuprofenos para el trago amargo.

Pero…¡pucha que vale la pena!
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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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