Receta simple para ser feliz un día de Octubre

Tómese un día sábado, por ejemplo, donde la lista de cosas a realizar sea directamente proporcional a las pocas ganas de realizarlas.
Almuerce livianito, mientras desparrama con la mano izquierda las piezas del rompecabezas que espera pacientemente sobre la mesa del comedor.
Soporte los hocicazos de la perra que reclama no sólo comida y leche, sino también atención activa.
Atención : es muy importante que no se deje hipnotizar por las fichas faltantes y esa última cajita que quiere probar a-ver-si-justo-está-ahí-esa-puerca-ficha-que-falta.
Exactamente al finalizar el almuerzo, váyase a dormir. Tenga la precaución de acostarse en una cama donde el sol de Octubre le cubra como una mantita artesanal.
Duerma exactamente dos horas, minuto más, minuto menos.
Le garantizo un despertar perezoso y salobre. Eso sí. La lista de tareas sigue ahí, acechando tras el tabique de la laptop.
Pero…¿quién nos quita lo soñado?

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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