Los príncipes azules SI existen

Ellos son dos personas estándar. No pertencen al jet-set internacional, ni al coro de estrellitas nacional, ni al firmamento político de moda. Sin embargo, desde la imposibilidad de lo posible, contra las apuestas más seguras y los porcentajes menos indicados, ellos están construyendo una Historia De Amor. Con mayúscula, minúscula y unos cuantos suspiros intermedios.


Ella se llama Luna, pero podría llamarse María, Lucía o Esther. El no se llama Jorge. Se llama Lucas, Marcos o Gabriel. ¿les gusta Gabriel? Bien, ahí vamos con él entonces.

Gabriel nació en una provincia ventosa como pocas, y vivió en tantos lugares que en cada uno de ellos ha dejado recuerdos pegados en las esquinas para poder volver y reencontrarlos. Los años le dieron una hija y una historia, unos amores extraviados y otros no tan encontrados.

Luna eligió migrar. Su norte fue variando de rumbo hasta que encontró el Sur. Y se quedó. Amanece con la fiereza de una leona cuidando sus cachorros, mientras se disfraza de mujer de negocios. La sonrisa la traiciona. Cuando Luna sonríe, los soles de muchos planetas la iluminan y el disfraz aburrido cae por los suelos, roto en mil pedazos.

Luna y Gabriel juntos por casualidad. A mil setecientos y dos mil doscientos kilómetros de sus lugares, se encontraron. En una reunión donde las personas eran números. Se vieron, supieron distinguirse entre toda la gente.

Salieron a caminar con el abandono de saberse en el camino correcto, en el único e inevitable sendero del resto de sus vidas.

Nunca hizo tanta primavera en ese lugar. Ni se vieron tantos pájaros entonando sus mejores canciones. Hasta las fuentes guardaban el agua para enviarla en explosiones cósmicas y mojarlos al paso.

Gabriel no supo besarla en ése preciso momento en que el lucero salía a espiarlos. Pero supo después. Y también supo otras cosas que no nos van a contar.

Desde esos días hasta hoy, después de miles de kilómetros viajados en un sentido y en otro, eternas conversaciones vía internet y mensajes de texto, han pasado sólo tres meses.

No sé qué pasará con ellos. Pero sí sé que ver la sonrisa de Luna transformarse en arco iris cuando él la llama, o ser testigo del azul intenso que fluye de los ojos de Gabriel cuando la mira, me hace volver a creer en el Amor.


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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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