Pecados

Claro que no le importaba, sobre todo teniendo en cuenta que nunca lo había mirado bien, de frente, salvo en la iglesia. Aún ahí sólo dos veces. Sin embargo, al mediodía, cuando cruzó la calle para ir al almacén del Gallego, notó unas brasas calientes en la espalda, comiéndole la ropa, incinerándole la piel. Ella no se dio vuelta porque eso no se hace. La cabeza erguida, la espalda recta como una tabla y el paso corto y medido. Su mamá no podía verla, pero era igual. Tanto tiempo escuchándola, que ya no hacía falta.

El pan no era fresco, la acelga tampoco y las papas estaban muy sucias. Igual eligió sin pensarlo demasiado, porque ya era tarde y su papá estaba llegando a almorzar en muy poco tiempo más.

El sol de mediodía ya dormía la siesta en las veredas grises. Y el viento que no venía.

Salió del mercadito haciendo equilibrio con las bolsas y las compras, manteniendo la nuca tensa como una cuerda, el paso más corto para evitar tropiezos.

Tap, tap, tap, unos pasos indolentes unos metros atrás.

Dos cuadras y llego…sólo dos cuadras…que serán… quinientos pasos…cuatrocientos noventa y ocho, cuatrocientos noventa y seis…aunque me parece que tiene el pelo largo y eso mi mamá me dijo que es de vagos, cuatrocientos noventa y cuatro, cuatrocientos noventa y dos, si me habla que hago, cuatrocientos noventa…uf qué largas son estas dos cuadras…como si fuera poco ahí está la chusma de Clara, con esa cara de nada que tiene…si me hago la distraída después le va a contar a su mamá que no la saludé. Y bue, me hago la que tropiezo y listo. Auch! Duele en serio el tropezón…y esos pasos allá atrás de quién serán. Perdí la cuenta…¿serán doscientos ya?

La puerta de su casa estaba abierta, invitante, protectora. La alcanzó de un saltito, rogando que no se le levantara la pollera con el movimiento y cometiera el peor de los pecados según su mamá. Algún día le gustaría saber la clasificación de los pecados, si había peores, también habría menos peores. ¿Cómo hacer para saber cuál es cuál? Por ejemplo, mirar a Pablo de reojo mientras jugaba a la pelota en el baldío…¿era un pecado muy malo? Debía serlo porque a ella le recorrían unas cosquillitas por el cuerpo y eso seguramente estaba mal. El domingo antes de la misa se lo iba a preguntar al cura. Después de todo, para eso estaba ¿no? Aunque su papá decía siempre que el cura no podía aconsejar bien a las familias porque no tenía familia propia. Y que el discursito (así decía, con tono de burla) el discursito moral era para los babiecas que no sabían nada. Su papá a veces hacía y decía cosas raras.

Cerró la puerta y resistió la tentación de mirar hacia fuera por la rendija. Quería saber quién la seguía pero le daba una mezcla de miedo y de interés. Eso definitivamente debía ser pecado.

Acomodó las bolsas sobre la mesa con cuidado, para no estropear la verdura. Puso la olla en el fuego y prendió el horno. El reloj la apuraba, corriendo sobre las líneas de los minutos.

El sonido de la puerta abriéndose, los pasos reposados de su padre cruzando la entrada, y esa cara ajada y conocida que le da un beso en la boca de una manera que seguramente no está bien, aunque su mamá ya no esté para decírselo.

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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