Reflejo de ayer (Particionado, no me odien) ( I de III..o tal vez IV))



La primera vez, Julián estaba recorriendo el museo con lentitud, leyendo las etiquetas de los objetos y volviendo a mirarlos con tranquilidad. El silencio dormía en las paredes y las vitrinas se llenaban del sol dominguero.


El único ruido que lo acompañaba era el rechinar del piso de madera a cada paso. Pero bastaba con detenerse y sin cerrar los ojos, imaginarse en esa época, rodeado de los recuerdos que hoy admiraba en el museo.



Habitualmente Julián elegía ir a los museos de la ciudad los domingos por la mañana. Así se aseguraba con precisión matemática que no lo interrumpieran escolares, jubilados, ni turistas curiosos con sus cámaras aparatosas.



El museo Dr. Gutiérrez exhibía ese mes una muestra itinerante de instrumentos musicales de todos los tiempos. Julián recorrió, embelesado, el sendero de notas regadas en dibujos, fotos, ocarinas, rústicas flautas y delicadas guitarras. Rozó con sus dedos una esclavina y acarició con admiración las teclas de un clavicordio.



En la sala principal, un gran piano de cola con su taburete parecía esperar al próximo concertista. Las luces dicroicas iluminaban un violín suspendido sobre el hombro de un maniquí con los dedos doblados sobre las cuerdas.



Julián saboreaba las escenas con placidez, sacando una que otra foto para su colección. Después las imprimía y las colgaba en las paredes de su monoambiente. Éste se asemejaba cada vez más a un museo ecléctico y personal.



Ese día se detuvo frente a una vitrina de cedro y espió hacia adentro, buscando una etiqueta que lo orientara acerca de fechas y sucesos.



Sobre un terciopelo oscuro, descansaba una flauta dulce. Le pareció tan simple y a la vez tan bien logrado el contraste del instrumento con el terciopelo, que le sacó tres fotos.





Cuando llegó a su casa, notó, contrariado, que en las imágenes de la flauta, estaba su reflejo, seguramente provocado por el flash. Amplió la imagen con el zoom del programa y lo que tendría que haber sido su camisa blanca reflejada en el vidrio, era en realidad una remera azul, exactamente igual a la que recordaba haber usado el día anterior.

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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