La migración del Bacalao – El viaje

Aquí estoy, en Oslo, después de casi tres días de poner mis asentaderas en el primer avión. Y todavía me falta uno.

Pero empecemos por el principio.

Después de unos nervios importantes, el martes a las ocho me empujaron por el pasillito del pre-embarco y empezó esta aventura noruega de cuento…por ahora, de hadas.

En el vuelo BRC BUE tuve la buena suerte de sentarme junto a un señor muy amable, residente en Chaltén, y con una increíble experiencia de vida. Sin darnos cuenta pasaron las dos horas y voilà! Estábamos en París…digo, en Buenos Aires.

Este amable señor no sólo me acompañó todo el viaje, acarreó mi mochila de setecientos veintitrés kilos y me dejó salir las veces que quise de mi prisión-asiento-ventana, sino que se quedó conmigo hasta que mi adorada sobrina arribó. Ni un ángel de la guarda hubiera sido más dedicado.

Después de pasarnos un par de horas (cinco) poniéndonos al día, caímos rendidas cual margaritas en flor a la hora de la cena. O sea, nos dormimos.

Menos mal que el Vikingo en el MSN estaba atento y me preguntó si no debería estar saliendo, porque efectivamente, había copiado el horario de arribo a Sâo Paulo en vez del de salida de Ezeiza, con lo cual hubiera perdido el vuelo por la nimiedad de dos horitas.

El avión de TAM me esperaba, ronroneando, en la pista, listo para elevarse hasta mis sueños.

Mi compañero en este caso fue un cincuentón obsesionado con su blackberry y con el que no crucé más que un “Sorry” “Excuse me” ó el consabido“good evening” . Lo abandoné sin mirar atrás. Es más, hoy ya ni me acordaba con quién había viajado.

Sao Paulo! Cidade Maravilhosa! (ya sé que es Río, pero yo pasaba por San Pablo, no por Río! ) Inmensa y desafiante, como un bosque de calles y árboles y colores.

La gente hablando continuamente, cada una buscando su salida, su puerta dentro de todos los destinos posibles, de todos los recorridos para elegir.

Cinco horas de espera. Primer error : el acceso internet en los aeropuertos es pago con tarjetas de crédito o comprando tarjetas en Guarulhos. No hay free wi-fi. Me engañaron como a una sirvientita paraguaya un día viernes. Ah! Le llaman Wi Fi porque tenés acceso a las páginas de las líneas aéreas. Maldita publicidad engañosa!

Casi lo olvido! Las inmensas salas de espera albergaban gente de todas partes del mundo, rumbo a destinos tan dispares como Roma, Italia, Madrid, ó Frankfurt. Fui rotando los asientos mientras trataba de calcular cuántos pesos argentinos son 16 reales por una botellita de agua mineral. Finalmente decidí que no tenía tanta sed, y seguí caminando.

Una de las veces que me levanté, noté que unos pasajeros habían olvidado un pequeño bolsito negro en el asiento frente a mí. Pregunté en un counter por la policía del aeropuerto y me dijeron que no había. Busqué a la pareja por todos lados y no los encontré.

Tuve que quedármelo! Lo bueno es que no tenía nada escencial : aspirinas y cremas que tiré oportunamente a la basura.

Después de cinco horas en San Pablo, donde además dije unas cuantas malas palabras ante la falta de adaptadores para los cargadores, estaba lista para cruzar el Atlántico a nado si fuera necesario. Gracias a Dios llegó el avión y nos embarcamos rumbo al Viejo Continente.

TAM líneas Aéreas se merece un párrafo aparte. No sólo tienen el mejor servicio imaginable, sino que las aeromozas son súper atentas. Están verdaderamente dedicadas a su trabajo y se les nota. Hay una sutil diferencia entre la gente que pone pasión en lo que hace, que aquella que se limita solamente a cumplir con una obligación.

Cada uno de los asientos en TAM tiene una pantalla individual donde podés elegir entre películas, juegos, mapa de la ruta del avión, cámaras delante y debajo del avión, música, radios, TV shows, y un gran etcétera.

La comida era suficiente como para tres o cuatro yos . Tal vez nos alimentaron pensando que se acerca Navidad… serviríamos perfectamente como plato principal.

Me pregunto si debo considerar el bolsito como otro regalo de TAM Airlines!

Frankfurt me esperaba ansioso, estirando sus prolijas indicaciones y sus antipáticos funcionarios como tentáculos hacia mí.

Logré embarcar A PESAR de las indicaciones, y llegué a Oslo. Cansada como nunca, durmiéndome cada cinco minutos. Me pregunté si no habría hecho una parada por el bar antes de embarcar, pero luego recordé que no había tenido tiempo.

Oslo está eficientemente silenciosa. La gente es amable y sonríe, te guían y ayudan en lo que pueden.

Tienen unas toallas de papel en el baño que no se cortan, aunque estuve a punto de arrancar el artefacto entero tratando de cortar una.

Encontré una confitería! Lástima que me engañaron otra vez con el libre WiFi que sólo conecta con páginas aeroportuarias. Existe la opción de conectarte 30 minutos por 10 dólares, también, por supuesto… por supuesto que no me conecté!

Probé los Muffins noruegos. Fueron mi perdición ¡Sólo por ellos estoy dispuesta a mudarme ya!

¿ Dónde tengo que firmar?

… La llegada a Molde es otro capítulo!

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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