El inútil sonido de la ira

Nota : Ya sé que les va a extrañar que hable de la ira cuando estoy tan feliz, pero son cosas que a veces necesito poner en negro sobre blanco 😀

El espacio abierto entre los sentimientos y la inteligencia a veces se llena de ruidos. Como interferencias en la frecuencia radial de un canal determinado, los rayos de luz negra de la ira cruzan de lado a lado nuestro entendimiento. Y de repente no vemos a nuestro prójimo/próximo. De un momento al otro nos estamos ahogando en un mar pegajoso y amarillo.

Lo peor de esas situaciones es la sensación de impotencia, la certeza de que nada de lo que hagamos o digamos servirá para aplacar el huracán de sensaciones que nos asfixia y envalentona.

Son los momentos en que deberíamos ahogar las palabras en cicuta y olvidarnos el idioma. Escarbar dentro de los armarios buscando los silencios que dejamos reposar y acomodar la lengua entre la encía y el paladar para no pronunciar las palabras que nos encadenen para siempre a la tristeza.

No hay nada peor que el peso de las letras cuando arrastran el ancla de la ira con ellas. Expresar en una misma frase, rápidamente, todas las cosas que odiamos del otro pasa a ser una salida fácil y cómoda. Después de todo, el enojo lo justifica.

Media hora después pagaríamos fortunas por no haber pronunciado ni una sola de esas condenaciones eternas, de esas cicatrices horadadas en la piedra de la memoria.

Caemos una y otra vez en la frustración de no poder expresar lo que sentimos. El lenguaje es sentido y sentimiento, y sin embargo a veces es tan pobre para expresar con claridad lo que nos pasa.

Podemos olvidar momentos, podemos dejar en el rincón más oscuro de nuestra memoria los recuerdos que preferimos perder.

Pero las palabras que oímos y aún peor, las que pronunciamos con ira, permanecen en nosotros como una marca vergonzosa y cruel.

No hay olvido posible para las palabras. No se pueden borrar de nuestro disco rígido con ningún formateo. Llegan para establecer su dominio sobre nuestros recuerdos y la próxima pelea estarán a disposición, con casco y armadura.

¿Cómo evitar almacenarlas? ¿ Cómo perdonarnos cuando herimos a las personas que más queremos?

Será que los sucesivos almanaques nos entregan también la sabiduría para evitar esos descensos al infierno?

Ojalá sepamos aprender antes de que se nos terminen los almanaques.

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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