Juegos peligrosos

Aprendemos desde muy pequeños que la única manera de entenderse, es hablando. Nos enseñan a usar la palabra para llegar a las personas de una manera civilizada y eficaz.

Después, con el tiempo, aprendemos que los silencios también tienen significados, y a veces pesan más que las palabras. Nos damos cuenta que algunas palabras tienen un peso en los demás que nos arrastran como remolinos, en ríos de los cuales no sabemos muy bien cómo salir.

Cuando abrimos la puerta para ir a jugar al mundo de los adultos, a veces sentimos que nos equivocamos de puerta. No puede ser que esa nueva realidad sea tan diferente.

El peso de las palabras cada vez adquiere mayor significado. No nos atrevemos a decir livianamente “te quiero”. Navidad no significa ya recibir regalos, sino entregarlos. Y el lenguaje se enriquece con expresiones que nos atan y nos liberan a la vez.

Al interactuar con el afuera-adulto, chocamos de repente y sin aviso con los manipuladores sociales. Personajes que despliegan sus artes como un mago, maravillándonos con trucos que, sin dejar de ser trucos, nos convencen.

Grandes artistas del doble mensaje, nos envuelven en su dialéctica con elaborados discursos políticamente correctos. Nos dicen lo que queremos escuchar, pero se guardan de cumplir con lo que pueda socavar sus puestitos electivos.

Nuestra grandilocuente Fiesta Nacional de la Nieve está siendo víctima de esta manipulación política.

No es necesario ir demasiado atrás en el tiempo para recordar fiestas donde las carrozas eran un ejemplo de ingenio y trabajo puesto a la orden del orgullo institucional. Las tejedoras, orgullosas poseedoras de una habilidad perfeccionada en años de trabajo, eran premiadas en un concurso destinado a poner en valor esa industria tan representativa.

De a poco la fiesta se fue pervirtiendo. Cuando el show de elección de la Reina de la Nieve tuvo que durar dos horas por ser ése el espacio destinado en la televisación, perdimos nuestra Fiesta.

Se convirtió en un producto enlatado más. Donde el presupuesto está asignado a brindar un show para la gente que está sentada haciendo zapping en un sillón rioplatense.

Y nos dejamos convencer. Todos los años nos prometen una fiesta para todos. Usan los íconos de la ciudad para vendernos un sueño que de a poco se convirtió en pesadilla.

Pregunten por qué las tejedoras no se molestan en presentarse al Concurso. O por qué la Fiesta de los Jardines en Villa la Angostura tiene muchísima mejor organización que nuestra fiesta, que se supone que es Nacional.

Y seguimos votando mal. Apostando a que esta vez, sea verdad. Queriendo creer que las caras son diferentes y los discursos no son sólo palabras fatuas. Que de verdad les interesa el bienestar de la comunidad, y van a trabajar para conseguirlo. Que el clientelismo no forma parte de las acciones de gobierno y que el cambio es posible.

Seguimos jugando a ser criaturas sentadas alrededor del árbol la noche de Navidad, esperando a un Papá Noel que nunca llegará.

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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