De bodas, matrimonios y otros martirios

Es cierto que las mujeres tenemos fama de querer casarnos con un príncipe azul, que nos rescate de un futuro solitario y provea por nosotras cuando tenemos fiaca de ir a trabajar. Dicen las malas lenguas que es imposible que una mujer se resista a mirar con atención esos vestidos largos, blancos, rojos o rosa clarito aunque la afortunada que se casa sea una completa desconocida.

Chicas, como casi todo en nuestras creencias, ésto también es cultural. Un modelo caduco que no ha evolucionado con la globalización y se ha quedado atascado en los ’50.

Analicemos un poquito más. El objetivo de la pompa y ceremonia es mostrarle a la sociedad que a partir de ese momento somos mujeres honradas y podemos irnos a la cama con el señor que nos espera en el altar, sin culpa y con la bendición de la Santa Iglesia inclusive.

Las cosas han cambiado un poco y con tanta carrera profesional, artística y asociaciones de gays y lesbianas pululando por ahí, a veces las chicas en edad de merecer, dudan y buscan otros horizontes. Bien por ellas! Lo cual me lleva al próximo interrogante.

Necesitamos de verdad la aquiescencia de la sociedad para vivir tranquilos? Una vez que pasamos el umbral de la iglesia, que bailamos hasta descoser las costuras del primoroso vestido de novia, que bebimos y comimos como si fuera la última vez…nos queda un anillo en el anular, las fotos de la boda y un vestido que nunca volveremos a usar colgado en el placard.

Veamos las consecuencias.

La ley nos reconoce como partes de una sociedad conyugal que comparte las ganancias y las pérdidas. Interesante tener en cuenta también lo segundo. Si nuestro cónyugue es un completo desastre en los negocios, adivinen quién tendrá que responder con su 50% de la casa, del auto y de todo aquello que nos brindaba la sensación de seguridad.

A partir de ahora tendremos una suegra que será obligatorio agasajar y atender mejor que a nuestra madre.

Unas cuñadas que juntarán sus cabezas para murmurar maldades que todos adivinaremos, cuñados de todas las edades que romperán las lámparas y otras cosas, y probablemente un suegro que haya decidido hace mucho tiempo desconectarse de su familia y vivir tranquilo.

Adquiriremos el dudoso privilegio de ser amas de casa Y profesionales, debiendo rendir excelentemente en ambas áreas.

Me pregunto en qué pliegue de realidad perdimos la romántica idea del príncipe azul que nos cuidaba y proveía por nosotras.

Olvidaba recordarles que el casamiento occidental lleva implícita la fidelidad como requisito ineludible, pero sólo para las mujeres. Ah, no leyeron la letra pequeñita, al final del libro que firman? Tal vez estaba en latín, pero los varones de nuestra sociedad lo saben desde que nacen.

Qué tiene esto que ver con el compromiso de dos personas que se quieren? Es más valioso un público que certifique que se casaron o el compromiso diario de permanecer en la pareja trabajando cada día para formar un equipo, lado a lado, con objetivos comunes y pequeñas grandes alegrías?

El Acta de Matrimonio dice por escrito que somos socios. Y qué hay de ser compinches, cómplices en la adversidad para sobrellevarla y autónomos en el sentimiento para no diluírnos en la personalidad del otro? Qué dice el señor cura sobre las obligaciones mutuas que no se vea sobrepasado por las exigencias diarias, por la lucha por sobrevivir en este mundo revolucionado de hoy?

El matrimonio como institución, defrauda. El compromiso como tarea diaria, nos hace crecer.

Ahora, por qué seguimos pensando que somos Susanitas, cuando en realidad queremos ser Mafaldas?

En palabras de Virginia Satir : Estar en contacto íntimo no significa abusar de los demás ni vivir feliz eternamente. Es comportarse con honestidad y compartir logros y frustraciones. Es defender tu integridad, alimentar tu autoestima y fortalecer tus relaciones con los que te rodean. El desarrollo de esta clasa de sabiduría es una búsqueda de toda la vida que requiere entre otras cosas, mucha paciencia.

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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2 respuestas a De bodas, matrimonios y otros martirios

  1. estoy al dope tirada en la cama leyendo un poco de tu blog, y la verdad que tus entradas de Opinión me gustan mucho. No te voy a comentar en cada una que lea pero me están encantando! y como estoy suscrita a tu blog siempre me llegan mails cuando escribis algo nuevo, y te digo… hace rato no me llega nada!!! jajaj te mando un besote! que estes de lujo! Cinti

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  2. Pequi dijo:

    Mi queridísima! tengo varios en la casilla de “borrador” sin darle el toque final. Vos seguí leyendo que te faltan bastantes todavía jajaja
    Besotes inmensos !

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Qué te pareció? Sí, claro que quiero saberlo!

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