Los prismas de tu mirada

Cuando una persona forma parte de una sociedad, y su vida transcurre por cierto tiempo rodeada por la misma gente, gradualmente su imagen se imprime de etiquetas puestas por los demás.

La familia y los amigos han compartido una parte del camino. No importa cuán larga o corta haya sido, hemos dejado una impresión en la mente y el corazón de quienes nos acompañaron. Cada uno ha formado parte ú observado cada situación particular, ha ejercido su juicio de valor y lo ha archivado en el subconsciente. La próxima vez que algo ocurra, el subconsciente traerá a la superficie la experiencia anterior, y reforzará la idea preconcebida que cada uno de nosotros tiene de nuestro semejante. De a poco nos vamos convirtiendo en un montón de etiquetas caminando, y nos desdibujamos hasta en nuestro espejo.

No importa cuál sea la situación, cuando alguien cercano a nosotros comparte con nosotros su vivencia, sin pensarlo demasiado, y a veces sin decirlo, emitimos un juicio de valor. Etiquetamos a la persona como si fuera un objeto estático suspendido en el tiempo. No pensamos que esa persona es un complejo conjunto de emociones que cambian, evolucionan y varían a una velocidad considerable. Dejamos de pensar en ”Mi amigo Daniel”, para pensarlo como ”Daniel, el depresivo” o ”Daniel, el que siempre se enreda en romances imposibles”. Listo! Ya lo etiquetamos, lo pusimos en un estante y nunca más lo moveremos de ahí, aunque de hecho él considere que tiene bastante derecho a deprimirse de tanto en tanto y de experimentar parejas desastrosas si le parece que valen la pena.
Lo mismo sucede en el seno de la familia, cuando no importa cuántos años haga que hiciste una escena de enojo, para ser tenido como ”el que siempre se enoja ”.

La realidad nos dice que por muy cercanos que nos sintamos, vemos sólo una parte del ser humano que tenemos delante. Una faceta que mañana puede ser diferente, o permanecer igual por años. Vemos un arco iris y creemos que dimos con el tesoro de conocer al dedillo su personalidad.
La mayoría de las veces vemos lo que nuestra experiencia nos condiciona a ver, e interpretamos lo que tenemos enfrente basándonos en todo el bagaje emocional que nos ampara.

Eso no estaría nada mal, si lo hiciéramos de manera consciente y supiéramos que lo que vemos puede ser una ilusión óptica o la realidad, pero que no somos nosotros los dueños de ESA verdad.

Caminando hacia la primera persona : Todas las etiquetas que mi entorno tiene para mí se han quedado en Argentina. Aquí soy una persona que recién conocen, y es como estrenar un Rivadavia tapa dura. Cada uno se hace su idea de quién y cómo soy desde ahora, sin preconceptos. Por más que comparta con ellos mi historia, me evalúan por quien soy hoy, y es una sensación refrescante y diferente. No porque hoy sea mejor o peor que diez años atrás, sino que soy distinta. Aquí me aceptan como soy y me demuestran un cariño sin restricciones.

Más de una vez he oído que los escandinavos son fríos e interesados. ( Otra etiqueta!) Voy a seguir buscando, porque la verdad es que hasta ahora, lo único que me he encontrado es gente tratando de ayudar, amable, cálida, sin maldad y con mucho afecto para dar. Será que también para mí ellos son una página en blanco.

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Acerca de Pequi

Vuelan las hojas en el viento y se llevan bajo el brazo todas las palabras pronunciadas y por pronunciar. Alguien tiene que darle una nueva voz a las palabras, y yo justo pasaba por aquí.
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